miércoles, marzo 12, 2014

Estrategias de negociación: el método Falkenhayn

La Primera Guerra Mundial es "la gran divisoria", como la calificó Galbraith. Supuso la primera guerra de escala industrial de la historia, cambió planteamientos estratégicos y transformó los protocolos que hasta entonces habían imperado en el concepto de guerra. Fue una guerra que hizo aterrizar al mundo de golpe en toda la brutalidad del Siglo XX, hizo desaparecer tres monarquías imperiales históricas, debilitó a las grandes potencias coloniales, consagró el dominio económico del capitalismo en el mundo occidental y al mismo tiempo facilitó la Revolución Rusa y la inauguración de la puesta en práctica de las ideas económicas socialistas y comunistas. También supuso el comienzo del liderazgo político internacional de Estados Unidos.

A partir de este conflicto se transforma igualmente el método para terminar una guerra. Desde 1918, cualquier tipo de pacto o compromiso tras un enfrentamiento bélico de envergadura es casi una quimera. Hasta entonces, por salvaje que hubiese sido una guerra, un país derrotado podía esperar una propuesta de paz medianamente aceptable por parte del ganador en la contienda: la presentación de un documento en el que se reconocía a un vencedor, se cedían unos territorios, se adquiría el compromiso de pagar unas reparaciones de guerra y, a cambio, se recuperaban los prisioneros en manos del enemigo y se mantenía el estatus de país reconocido o se recuperaba incluso la condición de potencia, quizá herida, pero básicamente incólume.

Durante el conflicto, sobre todo en los dos primeros años, los contendientes no tenían las ideas demasiado claras. La mayor parte de ellos tenían un concepto bastante nebuloso sobre cuáles eran sus objetivos de guerra (que consistían básicamente en determinadas anexiones territoriales, imponer algunas ventajas económicas y arancelarias y obligar al contrario a pagar indemnizaciones) y suponían que podrían conseguirlos obligando a sus rivales a sentarse en una mesa de negociación tras alguna victoria militar.

En 1915, y simplificando quizá en exceso, la situación es la siguiente: a) Tablas en el frente occidental, con las líneas defensivas bien establecidas dentro de los límites territoriales de Francia, b) Los alemanes vapulean a los rusos en Polonia y la zona del Báltico, c) Los rusos vapulean a los austriacos un poco más abajo en el mapa, d) los aliados se desgastan frente a los turcos en la Batalla de Galípoli, desperdiciando una enorme fuerza de combate en unos cientos de metros de playa.

En esta situación, Erich Von Falkenhayn, Ministro de la Guerra de Prusia y Jefe del Estado Mayor Alemán durante los primeros años del conflicto, tiene una idea bastante clara de cómo ganar la guerra. Su objetivo es obligar a los rusos a firmar una paz por separado y después, aprovechando la posibilidad de trasladar tropas a occidente, obtener una victoria decisiva contra Francia y el Reino Unido.

Uno podría sospechar que, para obligar al Zar a firmar una paz por separado, lo más lógico sería conseguir primero una victoria militar aplastante contra Rusia y, con esos argumentos, invitarla a sentarse en la mesa a discutir los términos de una rendición honrosa.

Pero Falkenhayn, que era un hombre metódico, inteligente y experimentado, suponía, con razón, que una victoria demasiado grande sería, en realidad, un impedimento absoluto para la negociación. Suena paradójico, pero si se profundiza un poco más en el asunto, se ve que su posición no está exenta de lógica.

Una victoria aplastante sobre los rusos, incluyendo la dominación de amplios territorios del imperio del Zar, habría obligado a Rusia a seguir combatiendo, puesto que se negaría a sentarse a negociar desde una posición de clara desventaja. El ejército ruso estaba mal adiestrado, mal pertrechado y peor dirigido, pero contaba con reservas prácticamente infinitas. Obligado a luchar hasta el fin, habría sido un rival muy duro y casi imposible de derrotar del todo.

Por otra parte, muchos alemanes, incluyendo militares influyentes del Ejército Alemán y miembros del Gobierno, no habrían considerado aceptable devolver a Rusia los enormes territorios conquistados (entre esos territorios, la joya que se disputaban era Polonia) si se planteaba una negociación tras un victoria militar de envergadura.

Por lo tanto, el método de negociación de Falkenhayn consistía esencialmente en conseguir sólo una victoria limitada, una pequeña ventaja con la que poder sentarse en una mesa de negociación con capacidad para imponer las condiciones esenciales, dejando que Rusia se lamiese las heridas sin sufrir males mayores y sin que se sintiese humillada.

El hecho de que Falkenhayn no tuviese éxito (en la Primera Guerra Mundial a ninguno de los aliados se les pasó por la cabeza firmar una paz por separado hasta el triunfo de la Revolución Rusa) no quiere decir que su método no sea acertado. Y creo que es una lección válida para otras situaciones de negociación aunque no estén relacionadas con el entorno militar.

Eso sí, me resulta difícil encontrar un paralelismo en el mundo de la empresa y los veo mucho más evidentes en el entorno político. Veo con claridad que, a la hora de proponer un pacto de gobierno o acordar unas condiciones para la aprobación de una ley, la negociación solo es posible si la oposición tiene alguna posibilidad de hacer valer algunos de sus argumentos. Una oposición demasiado débil será incapaz de hacer prosperar ni una sola de sus ideas y solo encontrará consuelo en criticar de forma inmisericorde las decisiones del partido gobernante.

Igualmente, un líder de partido que tenga una ventaja negociadora y tenga voluntad de llegar a un pacto, no podrá convencer a sus propios seguidores de la necesidad de ese pacto si cuenta con una mayoría parlamentaria tan abrumadora que puede imponer cualquier decisión.

Y el problema básico es que el compromiso y el pacto, en la mayor de las situaciones, es la solución óptima para sacar adelante proyectos, leyes y decisiones que beneficien a la sociedad en su conjunto. La imposición por parte de un partido no sirve más que para ahondar las fracturas sociales en un país. Y lo que es más significativo, la imposición de condiciones solo permite obtener réditos políticos a corto plazo -de forma que la victoria, por aplastante que sea, se convierte en temporal-. Me refiero, claro está a situaciones como la reforma de la ley del aborto y la nueva ley de educación. A la hora de conseguir su permanencia en el tiempo, lo sensato habría sido llegar a posiciones de consenso. Con la imposición mediante mayoría absoluta, son leyes condenadas a la derogación en cuanto haya un cambio de Gobierno.

Quizá tengamos la oportunidad de ver aplicado el método Falkenhayn en el caldeado panorama político español, pero dados los antecedentes, me temo que tendrá que ser en otra legislatura.

Todo esto sobre Falkenhayn lo estoy aprendiendo en el libro -que aún no he terminado- 1914-1918. Historia de la Primera Guerra Mundial, de David Stevenson.

Anex:

Entradas anteriores que, de algún modo, están relacionadas con enseñanzas que pueden encontrarse en los libros:

El método zulú: trabajo en equipo
El método Rommel (sobre liderazgo de personas)
Grandes Comunicadores de la Historia: Tolomeo era un crack
Grandes Comunicadores de la Historia: el caso del General Castaños y la marca personal
Julio César: el comunicador



domingo, enero 19, 2014

El año de la ciclogénesis explosiva

En los últimos días del año 2013 una noticia recorrió los informativos: el año iba a acabar con una ciclogénesis explosiva. Un término, que si bien se refería únicamente al tiempo atmosférico, a mí me pareció muy descriptivo de lo que había sido el año entero en todos los sentidos. Un año de crisis, de miedo, de conflicto, de paro, de hipocresía por parte de los políticos... por un momento parecía que algo grandioso iba a ocurrir en diciembre, que la ciclogénesis explosiva iba a barrer todo lo que encontrase a su paso y acabaría una época entera para dar paso a un tiempo nuevo.

Pero pasaron las fiestas, pasó diciembre, llegó el año nuevo y el ritmo cansino de las informaciones que nos recuerdan a diario la mediocridad de nuestro entorno volvió a adueñarse de las páginas de los periódicos y los minutos de radio y televisión. La corrupción en las cercanías de la Casa Real, la imputación de la Infanta, los flecos de la trama Gürtel, los ecos del escándalo de los EREs en Andalucía, el desenfreno en UGT con los fondos para la formación, el recuerdo del caso Bankia y las preferentes, la ignominiosa memoria de Bárcenas y la sombra de sospecha que oscurece todo el panorama político, la tensión por el independentismo en Cataluña y un largo etcétera son las noticias de 2014, como fueron las de 2013.

Quiso el azar que yo terminase el año leyendo un libro excepcional. Me refiero a Todo lo que era sólido, un lúcido ensayo de Antonio Muñoz Molina  que se centra en los cambios que se han producido en España sobre todo en los últimos 10 ó 15 años, pero que por extensión refleja también lo acontecido en términos generales desde la transición, desde una época de ilusión y promesas a otra de desengaños, desde un tiempo de ideales a otro tiempo en el que predominan la desidia y la desesperanza. Y repasa los tiempos intermedios, con especial énfasis en la locura económica de la década prodigiosa anterior a la crisis en la que todavía nos encontramos inmersos.

El libro es altamente recomendable, aunque advierto que deja bastante mal cuerpo. Da la sensación de que no hemos aprendido nada, de que nuestra sociedad ha caminado ciega hacia el abismo y ahora deambula desorientada buscando un rumbo que no acaba de encontrar. Y da la sensación de que no queda mucho espacio para la esperanza, pues aunque sí hay un claro consenso a la hora de diagnosticar la situación (¡Todo está fatal!), no parece haber el mismo tipo de acuerdo a la hora de buscar soluciones.

Podría decir que cada página de esta obra es brillante, y cada fragmento (el libro está dividido en microensayos, lo que facilita mucho la lectura) está no sólo muy bien escrito, sino sobre todo muy bien pensado.

Quise subrayar algunos párrafos para publicar algunas ideas destacadas. Pero al final me encontré con que había que subrayar prácticamente todo. Dejo aquí, eso sí, la locución del primer capítulo, que es una muestra excelente de lo que el lector puede encontrar en el libro.


sábado, noviembre 23, 2013

Mañana en la batalla pensaré en tí

El ajedrez es, en esencia, una religión pagana, y Caissa, la única deidad a la que muchos aficionados estamos dispuestos a adorar, es nuestra diosa. Cada domingo, miles de fieles en todo el mundo, quizá millones, se dirigen presurosos a los altares para ofrecerle unas horas de oración y profunda meditación. Y también le ofrecen a Caissa sacrificios rituales: peones, caballos, torres, alfiles y damas para obtener sus favores en forma de victorias (ni que decir tiene que no todos lo consiguen, por cada favorecido por la diosa hay otro que se va derrotado y cabizbajo).

La Fe de los guerreros de fin de semana no tiene nada que ver con la de los grandes campeones, que viven del ajedrez y que realizan movimientos y maniobras inescrutables para la mayor parte de los mortales. Tampoco tiene que ver con la de los ancianos en el parque o los jugadores de cafeterías, que sólo mueven las piezas ocasionalmente por puro entretenimiento. El jugador "serio", que es sólo un aficionado, pero que le ha dedicado largas horas de estudio -y días y noches de frenética obsesión-  a este centenario juego, no juega por la gloria, ni por dinero, ni por entretenimiento. Juega porque no puede evitarlo.

Nadie abandona por completo el ajedrez. Nadie abandona a Caissa, o al menos nadie la abandona del todo. Una vez que uno se ha iniciado el camino de la guerra dominguera (Caissa es una diosa guerrera, casi olvido decirlo), ya puede pasarse meses o años sin aparecer por el club que tarde o temprano recordará el olor de la pólvora y se plantará de nuevo en el campo de batalla.

Así me ocurrirá a mi mañana. Tras casi ocho años de ausencia, estoy de vuelta. Mañana, en la batalla, estaré pensando en Caissa. Como fiel devoto, a la diosa le pediré varias cosas: capacidad de concentración, entretenimiento, inspiración y, sobre todo, no dejarme ninguna pieza en alguna jugada estúpida.

No sé si atreverme a pedirle la victoria. Veremos mañana.

jueves, noviembre 21, 2013

Nostalgia de las nubes. Mi tributo personal a Filipinas

Pag-Asa significa "esperanza" en tagalo. También es el nombre del primer ejemplar de águila filipina que nació en cautividad el 15 de enero de 1992. Lo sé porque un par de años después de su nacimiento estuve en Davao, capital de isla de Mindanao, y visité el centro de recuperación del águila filipina, un hermoso y noble animal en grave peligro de extinción. Allí ví a Pag-Asa y a otros ejemplares que los responsables del centro cuidaban con esmerado mimo.


De aquella visita a Mindanao se agolpan en mi recuerdo las imágenes del pequeño resort de vacaciones al que fuimos a pasar un fin de semana (en una isla cercana), donde las habitaciones eran palafitos construidos sobre la línea costera y los empleados nos llevaban los cóckteles de mango y coco hasta la orilla del mar. También recuerdo la entrevista con el alcalde de Davao, en el lobby de un hotel, sin quitarse en ningún momento sus gafas de espejo (a pesar de que era ya de noche) y con su chaleco vaquero con los hombros de borreguito. Y recuerdo cómo nos contaba que el terrorismo del Frente Moro de Liberación Islámica no era más que una política de injerencia deliberada por parte Indonesia. Es un conflicto que aún no está resuelto.

Tengo hermosos recuerdos de la caótica Manila. De los jeepneys (jeeps tuneados que se usan en el transporte público). De nuestro chófer, Eli, que conocía la ubicación de todas las empresas importantes del país. De los magníficos restaurantes de todas las nacionalidades (creo que Manila es uno de los mejores sitios del mundo para los amantes de la buena mesa) y del aroma de la cerveza San Miguel fresca. No es la misma cerveza que aquí, aunque el origen creo que es común, es la San Miguel de San Miguel Corporation, una de las empresas más grandes del sudeste asiático controlada por la poderosa familia Soriano. Recuerdo, por cierto, la entrevista con uno de los Soriano, familia de origen español, con pasaporte estadounidense, afincada en Filipinas y que enviaba a sus vástagos a estudiar a Deusto.

Recuerdo un restaurante inspirado en El Hobbit, donde todos los camareros eran enanos. Y otro en el que los camareros cantaban ópera para amenizar la velada entre plato y plato (amablemente cantaron el Va Pensiero a petición mía). Y hablando de cantar, recuerdo también lo que decía una periodista de Singapur con la que hicimos amistad, que nunca quería irse de Filipinas porque "es el único país de Asia donde la gente canta". ¡Qué hermosas voces se oían en los locales de copas cuando algún cliente agarraba el micrófono y entonaba alguna pieza de moda! ¡Y qué hermosas excursiones hicimos con nuestras amistades, a pasar fines de semana con periodistas, pintores, artistas y músicos!

En Manila tuve la oportunidad de ver algunos espectáculos fascinantes, como una obra de danza que trataba de recuperar elementos de los ritmos y estética de las aldeas de pescadores y las culturas primitivas de la zona. También recuerdo otro espectáculo mucho más tosco: nos invitaron a la final o semifinal del concurso de Miss Universo. Y fuimos.

En la boca de la bahía de Manila se encuentra la isla de Corregidor, donde los recorridos turísticos -asociados a la Segunda Guerra Mundial- se dividen en dos grupos: el recorrido para los japoneses y el recorrido para los demás. La isla está dividida en dos partes por un macizo montañoso, y la montaña está cruzada por un túnel, Malinta Tunnel, escenario de crueles batallas durante la guerra. Allí los últimos resistentes japoneses se autoinmolaron haciendo saltar el tunel por los aires. Aún veo en mi memoria los cañones (hoy son monumentos) que nos enseñaban en el recorrido y cuya función había sido tratar de proteger, en vano, la entrada de la bahía.

A mi recuerdo vienen también algunas de las entrevistas más entretenidas de mi etapa de periodista, como la que hicimos a la presidenta de la empresa estatal que gestionaba los casinos, una educada señora que se afanaba en explicarnos que no había conflicto alguno por promover el juego en un país católico. Que así lo había dicho en público el Arzobispo de Manila. Y también recuerdo la entrevista al presidente del United Coconut Planters Bank. La recuerdo por dos motivos, porque fue uno de los despachos más lujosos que he visto en mi vida y porque la cinta de la grabación recogió no sólo la entrevista, sino también una música de fondo que aún hoy no sé de donde salió (me costó Dios y ayuda sacar las declaraciones).

Entrevisté también a un directivo americano que no daba un duro por los entonces de moda "tigres asíaticos" (Tailandia, Indonesia y Malasia) a los que Filipinas se quería parecer: "They are not aware of what's happening in China", me decía. El tiempo le ha dado, en parte, la razón. Y también entrevisté a una empresa que se dedicaba a las perlas cultivadas. Toda una lección sobre el mercado del lujo.

Recuerdo los zumos de mango verde y a un camarero subiéndose a un cocotero para recoger el coco que iba a utilizar en el siguiente cócktel. Me viene a a memoria la isla de Boracay, con su impresionante playa de arena blanca y sus hotelitos entre las palmeras regentados, muchas veces, por occidentales que huyen del mundanal ruido (había dos ingleses de amaneramiento infinito que se disputaban el honor de enseñarme la decoración de sus dormitorios). Veo aún grabadas en mi memoria las imágenes del aeródromo de la isla cercana (Boracay no tiene pistas de aterrizaje) a donde llegamos en una avioneta de 18 pasajeros y de donde nos fuimos en otra de siete viajeros contando al piloto (nos pesaban junto con la maleta para organizar al pasaje entre los diferentes aviones).

Estuve tambien en Subic Bay, antigua base marítima del Imperio Español primero y de Estados Unidos después. Y en el aeródromo de Clark, entonces una base militar ya abandonada por los estadounidenses y hoy un aeropuerto internacional. Nos llevaron en coche por la pista de aterrizaje ("tan amplia que un Boeing 747 puede aterrizar sin instrumentos", nos aseguraban) y pudimos ver cómo todos los edificios y todo el entorno tenía un color grisáceo, el color de las cenizas del Pinatubo, cuya explosión en 1991 alteró el clima de la Tierra y precipitó el abandono de las bases militares americanas.

Recuerdo la excursión a Batangas. Allí pasamos un par de días en una zona de vacaciones para filipinos de clase media. Nuestro bungalow no era más que una caseta prefabricada. Allí, como no había playa digna de tal nombre, nos alquilaban unas grandes balsas, que un empleado arrastraba nadando unas docenas de metros mar adentro y la anclaba. Otros filipinos venían con barcas de goma y flotadores a vender bebidas frescas y helados.

Hoy, cuando Filipinas está sumida en el caos y el desastre por los designios caprichosos de la Madre Tierra, todos esos recuerdos y muchos más se agolpan en mi memoria y me producen una profunda melancolía.

Pero de entre todos los recuerdos me quedo con uno. El recuerdo de las nubes de Filipinas. ¡Qué grandioso espectáculo tenía ante mí cada día desde la terraza del Hotel Shangri-La de Makati! Podía pasarme horas observando aquellas nubes, nacidas en la inmensidad del Pacífico, recorriendo de un extremo a otro la grandeza de un cielo permanentemente azul. En cada excursión, en cada viaje en barcas motoras entre isla e isla, en cada estancia en una playa, yo siempre me quedaba embelesado mirando al cielo y aquellas inmensas moles blancas que surgían del mismo mar delante de nosotros.

Tengo nostalgia de las nubes de Filipinas.


Si te animas a hacer una donación para ayudar a Filipinas, puedes hacerlo a través de alguna de estas organizaciones:
Unicef
Aldeas Infantiles
Oxfam Intermón

domingo, noviembre 17, 2013

Jugando al ajedrez a tiros (y mi guerra comienza el domingo)

Espero que no se sorprendan demasiado los -para mi desgracia pocos- lectores de este blog, por mi insistencia estos días en escribir sobre ajedrez. Hay dos motivos confluyentes para ello. El motivo A es la final del campeonato mundial de ajedrez en Chennai, en el que un rocoso Carlsen se está merendando  a Anand (también para mi desgracia, pues por motivos de edad, he optado por apoyar al segundo).

El motivo B es que la guerra comienza el próximo domingo 24 de noviembre a las 10 de la mañana. Es mi guerra. La de un aficionado del montón que, tras ocho años sin jugar partidas de competición oficial (mi última partida de liga data del 13 de marzo de 2005) decide volver a pintarse los colores en la cara, desenterrar el hacha de guerra y mandar la pipa de la paz a tomar vientos.

Sumen A+B y el resultado que encontrarán es que estoy en plena fase de mentalización para la batalla. Sé que voy a sufrir, que voy a estar desorientado y que es bastante probable que me calcen una buena serie de guantadas en la cara. Pero también sé que, solo enfrentándome a ese doloroso periodo conseguiré recuperar algo de forma y volver a disfrutar del ajedrez como antaño.

Como parte del periodo de calentamiento y mentalización, estoy paseándome por YouTube y descubriendo algunos atractivos vídeos de ajedrez. Entre ellos, he encontrado algunas joyas de lo que se llama Bullet Chess, una modalidad de ajedrez rápido en la que cada jugador debe jugar toda la partida en un tiempo máximo que oscila entre 1 y 3 minutos. También recibe el nombre de Lightning Chess.

La modalidad más común de ajedrez rápido es la denominada Blitz, con controles de tiempo de 5 minutos, o de 3 con incremento de tiempo por jugada realizada. De esta modalidad se celebran periódicamente campeonatos mundiales.

En el Bullet Chess (Ajedrez Bala o -en mi traducción libre- ajedrez a tiros), el cálculo de variantes está de más. Los jugadores se orientan reconociendo patrones y haciendo, en general, la primera jugada que se les viene a la cabeza. Algunas escenas de esta modalidad son hilarantes. Observen el final de la primera de las dos partidas que se ve en este vídeo.




Sí, yo tampoco sé quién ha ganado. Y es probable que los jugadores tampoco. No se pierdan la secuencia entre el minuto 1:50 y el minuto 2:35. Las piezas caídas por el tablero, jugadas ilegales... Al final, me hace muchísima gracia el movimiento de las manos de uno y de otro, explicando que la última jugada del blanco era ilegal (pues su rey estaba supuestamente en jaque), o el otro empujando el peón una casilla más atrás, o indicando que a fin de cuentas el negro había perdido por tiempo...

También pueden entretenerse mucho con este otro vídeo. Una larga partida, que incluye un complejo final de peones y se juega hasta el mate, dura sólo 2 minutos. En ocasiones veo piezas volando.



La partida anterior muestra una pericia técnica envidiable (el final de peones que juegan es difícil incluso con tiempo para pensar, y las maniobras que hace el tipo de la gorra con el rey para ganarlo no son nada sencillas).

Esta modalidad de ajedrez también suele jugarse en los clubes de ajedrez online. En este tipo de entornos, que tienen sus propios sistemas de rating y sus propios títulos de maestro (nada que ver con los títulos oficiales de la FIDE), es común que se desarrollen torneos y competiciones de ajedrez ultrarrápido.

No soy aficionado a los clubes online. Las pocas veces que he jugado he ganado con facilidad a oponentes muy flojos que se dejaban comer las piezas. Pero parece ser que hay auténticos virtuosos en estos clubes.

Para muestra, lo que el comentarista de este vídeo califica como la más hermosa partida de Bullet Chess jamás jugada. Es realmente espectacular. El negro sacrifica primero un caballo y después la dama para atraer al rey contrario hasta la primera fila y allí darle mate (este vídeo es largo, son 23 minutos porque analiza y comenta la partida extensamente).




Después de ver algo así (una combinación que cualquiera firmaría en una partida lenta), uno se pregunta si realmente se ha podido jugar una partida de estas características en menos de un minuto, o sí realmente eran humanos los jugadores (podrían ser ordenadores, pero el alto número de errores tácticos -detectados con la ayuda del ordenador como se ve en la segunda parte del vídeo- demuestra que son jugadores humanos).

También existe la posibilidad de que la partida no se haya jugado realmente, sino que sea una partida compuesta para engañar al personal y hacerla circular como si fuera verdadera (un hoax). Tal cosa no sería la primera vez que ha pasado en ajedrez, pero eso es motivo de otro artículo.

viernes, noviembre 15, 2013

Mundial de ajedrez de Chennai: ¡Qué aburrimiento! y eso que por fin hay una victoria

La ilusión que he mantenido durante las primeras partidas del mundial de ajedrez que se diputa en Chennai empieza a desvanecerse. Tengo hambre de ajedrez. Hace 8 años que no juego una partida oficial y estaba tan desenganchado del juego que hace unos meses ni siquiera estaba al tanto de cómo estaba el proceso del campeonato mundial.

Pero he aquí que comienza la final, que por primera vez desde los años 20 del siglo pasado no hay un ruso jugando, que un jovenzuelo de mucho talento le está desafiando a un maestro veterano de más talento si cabe. Y yo recupero las ganas. Ganas de jugar, de ver partidas, de analizar...

Y ¿qué me encuentro? con una de las series de partidas más aburridas de la historia. Por mucho que se esfuercen los cronistas en sacar agua de las piedras y hablar de grandes combates, lo cierto es que en todas las partidas (menos la tercera) se han cambiado las damas rápidamente por miedo a medios juegos tácticos. Ambos jugadores tratan de exprimir ventajas microscópicas en posiciones muy técnicas. Y, claro, así va a ser difícil divertirse.

Hoy, por fin, se ha producido una victoria. De Carlsen, muy a mi pesar, pero muy merecida por haber jugado mejor. La partida no la considero tan gran combate como dicen algunos. El juego no ha sido más que una escaramuza de apertura, en la que el blanco queda algo mejor, cambia las damas (sí, otra vez cambian las damas, parece que Carlsen tenga feminofobia) y supera a su rival en las largas y a menudo inescrutables maniobras del final.

Carlsen ha recuperado la iniciativa en las dos últimas partidas. En las tres primeras fue claramente Anand quien manejó la batuta. Veremos qué pasa mañana. A ver si Anand es capaz de recuperar el punto perdido y la segunda mitad del encuentro se plantea algo interesante.

Con la partida de mañana llegaremos al ecuador del mundial. Y yo sigo echando de menos que se produzca alguna partida realmente vibrante. De esas que generan afición, como la segunda partida del encuentro de Sevilla, cuando Karpov avanzó su peón a e3 y dejó a Kasparov atónito durante más de una hora. O aquel movimiento Ah6 en la partida 23 que no había visto nadie y que puso a Kasparov a punto de perder el mundial. O la fantástica reacción de este último en la última partida, que le permitió mantener el título in extremis...

Al lado de aquello, lo que estamos viendo en Chennai me resulta decepcionante.

martes, noviembre 12, 2013

¡Bravo Anand!

Solicito un pequeño aplauso para Wiswanathand Anand. Hoy, en la tercera partida del mundial de ajedrez que se celebra en Chennai (India), ha sabido mantener una fuerte presión sobre Magnus Carlsen, a pesar de que el indio jugaba con las negras.

Pese a lo decepcionantes que resultaron las dos primeras partidas, lo cierto es que hasta el momento es Anand el que lleva el mando estratégico del encuentro. En las dos partidas que ha jugado con negras, o bien ha obtenido una clara ventaja (como en la partida de hoy), o bien podría haber luchado por la iniciativa (como en la primera partida, en la que prefirió no arriesgar). Y en la segunda partida, que jugó con blancas, también tuvo la opción de seguir presionando.

El que está desconocido es Magnus Carlsen. Yo no sé quién le ha aconsejado sobre el ultrasólido repertorio de aperturas que ha escogido hasta el momento (lo de hoy no sé si entra dentro de los cauces de la apertura Inglesa o de la Catalana, según se mire), pero no ha conseguido ni el más mínimo atisbo de ataque. La posición en la que Anand le obliga a retirar la dama a la casilla h1 es para enmarcarla. Es difícil encontrar un lugar más indigno para una dama (en un tablero de ajedrez, digo, que en el mundo real se me ocurren unos cuantos).



No soy experto analista (y además hoy en día todo esto se acaba aclarando con análisis por ordenador), pero a mí me parece que la posición del diagrama está estratégicamente ganada por el negro. Quizá Anand dejó pasar alguna oportunidad en las siguientes jugadas.

Por ejemplo, en la posición que se produjo poco después (siguiente diagrama), Anand avanzó su peón de c5 a c4, lo cual derivó en sucesivas simplificaciones hasta llegar a un final de alfiles de distinto color imposible de ganar.


Yo creo que Anand tenía que haber dejado el peón c en su sitio, y que jugando Tb6, podría haber mantenido intacta su estructura de peones en el flanco de rey. Así, los peones b y d del blanco podrían ser el blanco de sus ataques, mientras Carlsen tendría que invertir algunos tiempos en liberar su dama sin encontrar un claro objetivo de ataque.

En todo caso, tras el cambio inevitable del caballo de g5 por el alfil de e6, la presencia de alfiles de distinto color barrunta un final bastante tablífero, que es lo que sucedió al final.

Lo mejor de todo es, sin embargo, que por fin hemos visto una partida de ajedrez digna de tal nombre. No ha sido espectacular, ni tampoco una lucha sangrienta (entra más bien dentro de la categoría de las partidas maniobreras y aburridillas), pero ha sido una partida al fin y al cabo.

¡Bravo por Anand! que mantiene bien alto la bandera de los cuarentones frente a los veinteañeros.

URGENTE: campeones de ajedrez necesitan inyección de Testiculina

Ante el bochornoso espectáculo que el vigente campeón del mundo de ajedrez, Wiswananthand Anand, y el aspirante, Magnus Carlsen, han ofrecido en las dos primeras partidas del campeonato mundial, se busca médico especialista en doping que les inyecte Testiculina antes de que comience hoy la tercera partida.
Por mucho que el amigo Leontxo García se devane los sesos en buscar símiles pugilisticos y en hablar de golpes psicológicos y daños al ego, lo único cierto es que los únicos damnificados de este comienzo de mundial son los aficionados. Imaginemos por un momento que uno es tan forofo del ajedrez como para pagarse un viaje a la Chennai, en la India, y pasarse allí un fin de semana para ver el arranque del campeonato mundial. Y vas allí, te gastas una pasta, pagas hasta la entrada para ver el comienzo del encuentro y te ofrecen esas dos birrias (tablas en 16 y 25 jugadas respectivamente). Un fraude.
Sí, ya sé que la competición es larga (12 partidas) y que hay que guardar fuerzas. Que no conviene arriesgarse demasiado al principio, no vaya a ser que luego haya que lamentarlo...
Pero yo me pregunto por qué Anand, que ha podido obtener la iniciativa en las dos primeras partidas, no ha hecho ningún intento de aprovechar la circunstancia. Podría tener ya un punto de ventaja o, al menos, podría haber amedrentado en serio a Carlsen (y sin correr demasiados riesgos, la verdad). Y eso habría puesto el encuentro muy, pero que muy interesante.
En fin, que como no se espabilen a partir de hoy (la tercera partida comienza a eso de las 11:00 y pico, hora europea), se va a formar una comisión para cambiarles los motes:
Anand, antes "El tigre de Madrás", ahora "el gatito de Chennai".
Carlsen, antes "El Mozart del ajedrez", ahora "el Salieri del parchís".
Pues eso. Más Testiculina y menos golpes psicológicos ¿eh?