martes, marzo 08, 2016

Día internacional de la mujer: sería demasiado fácil...

8 de marzo, día internacional de la mujer, o de la mujer trabajadora (que nunca he tenido claro cómo se llama de verdad). En un día como hoy, sería demasiado fácil escribir un texto de homenaje loando la actitud de mujeres que rompieron las barreras y se atrevieron a hacer cosas que ninguna otra mujer había conseguido hacer antes.

Sería demasiado fácil escribir sobre Katherine Switzer, la primera mujer que corrió la Maratón de Boston, que se inscribió sólo con sus iniciales para que no la expulsasen antes de empezar, que fue atacada por un juez en plena carrera, y que, afortunadamente, fue defendida y escoltada desde ese incidente por su entrenador y algunos otros corredores.

Sería demasiado fácil escribir sobre Marie Curie, primera mujer en obtener un Premio Nobel, quien no pudo inscribirse en la universidad regular en su Polonia natal porque no admitían mujeres y tuvo que empezar sus estudios en una universidad clandestina (la Universidad Flotante); que fue una de las 27 mujeres de los 776 estudiantes de ciencias de la Universidad de París (uno puede apenas imaginar las sensaciones de aquellas 27 jóvenes en un mundo eminentemente masculino) y que se ha convertido en un hito de las ciencias en todo el mundo.

Sería demasiado fácil hablar de Clara Campoamor, impulsora del sufragio femenino durante la República, de Edurne Pasaban, primera mujer en coronar los 14 ochomiles (montañas de más de 8.000 metros) del planeta, de Judith Polgar, primera mujer en la élite del ajedrez mundial, de Miriam Blasco, yudoka,  la primera deportista española en conseguir una medalla en los Juegos Olímpicos de Verano y la primera en ser campeona olímpica, al lograr el oro en Barcelona 1992.




Sería demasiado fácil hablar de ellas porque la Historia es particularmente agradecida con aquellas personas que hacen algo excepcionalmente bien, pero muy ingrata con quienes hacen muchas cosas razonablemente bien de forma continuada, con alto nivel de calidad y esfuerzo, sin llegar a ser las primeras en ninguna disciplina en particular.

Por eso, en vez de dedicarme a cantar las glorias de tantas mujeres que han conseguido algo excepcional –por mucho que se merezcan nuestra admiración-, yo te dedico a ti, mujer anónima, mis palabras de homenaje en este día destacable.

A ti, que te levantas cada mañana para ir al trabajo, muchas veces ingrato, para conseguir un magro sueldo con el que seguir sosteniendo a tu familia. A ti, que te desvives por tus hijos, les ayudas con los deberes, les acompañas al médico cuando están enfermos y renuncias a tu tiempo sólo por ellos.

Te dedico el día también a ti, que te has quedado en paro con más edad de la que te gusta reconocer y observas con vértigo los años de lucha que te quedan por delante. También a ti, que renunciaste a desarrollar tu carrera profesional para ayudar a tu marido en la suya, o que incluso renunciaste a todo cuando tuviste que hacer frente al cuidado de tus padres, o al nacimiento de un hijo con una discapacidad.

También te dedico este texto a ti, que estás harta de que te juzguen por tu imagen más que por tu talento, y que hasta has llegado a obsesionarte con esos kilos de más sólo porque a una pandilla de enfermos mentales se les ha ocurrido llenar las pasarelas de esqueletos escuálidos (¿quién les ha dicho que eso es bello o atractivo?).

Te dedico este día a ti, que soportas injusticias, diferencias de sueldo por igual trabajo, comentarios y actitudes machistas y prejuicios cotidianos.

Y te lo de dedico a ti, porque eres tú, y millones de mujeres como tú, quienes hacéis que el mundo siga moviéndose cada día.

Y en especial te lo dedico a ti, Vicky Oliva, porque reúnes todas las cualidades de alguien excepcional que lucha cada día por lo que es justo, por la familia y por seguir adelante en un mundo que no siempre sabe apreciar todo lo que vales.

miércoles, julio 01, 2015

Sobre el musical "Hair" y mi pequeño choque generacional

Una vez más ha vuelto a pasar. Me he puesto a contar algo a los (en este caso, las) jóvenes que, afortunadamente para mí, me rodean en la oficina. A las pocas frases, me miran con cara de paisaje. ¿Qué es eso de lo que habla el abuelete? No es una novedad, estos choques generacionales me ocurren con cierta frecuencia. Menciono cosas que considero que forman parte del acervo cultural general y resulta que no. Que solo forman parte de mi historia y de la de mi generación. Que son cosas que para estos jóvenes significan nada o bien poca cosa.

En este caso se trataba de una mención al musical Hair, y más concretamente, a la película de Milos Forman del mismo título.

Y es un caso curioso, puesto que estas jóvenes me confirmaron que sí conocen otros musicales de renombre, como Jesucristo Superstar, que es incluso más antiguo que Hair.  Pero Hair, que tiene algunos momentos gloriosos y algunas piezas musicales absolutamente memorables (y que yo creía que era una película que había visto todo el mundo), prácticamente ha desaparecido del mapa.

El musical es de finales de los 60, y la película de 1979. Mis interlucutoras no habían siquiera nacido cuando mi cuerpo y mi alma se debatían ya entre permanecer un ratito más en la comodidad de la infancia o dar el salto hacia las aventuras de la adolescencia. Vivíamos en los años de Cuéntame cómo pasó y la película Hair apareció como un rayo en cielo despejado, alteró los nervios de nuestros mayores al recordarles de pronto las turbulencias del mayo parisino y otros tumultos del 68 y nos reafirmó a muchos jóvenes en nuestra militancia contra la guerra, contra las convenciones sociales y contra el poder establecido. Hair significaba libertad.

La película ha envejecido mal, muy mal. Los disfraces de hippy de los protagonistas dan hoy más risa que otra cosa, y muchas partes y canciones de la película se pierden en la nebulosa de un recuerdo borroso que no tiene ni pena ni gloria. Pero como dice la entrada de la Wikipedia, el musical también "ha dejado algunas de las canciones más conocidas en todo el mundo hasta hoy en día, a pesar de que mucha gente no conoce el musical al que pertenecen".

He aquí algunos de esos momentos memorables:

1) La secuencia inicial inciala de la película, con la canción Aquarius. La voz y la interpretación de la solista son simplemente "brutales".


2) I got life. Los hippies se cuelan en una cena de ricos (para intentar que el chico guapo tenga una oportunidad con la chica rica guapa) y ahí la lían parda. Un amigo me decía, sin duda exagerando, que era una de las mejores escenas de la historia del cine. No es para tanto, pero la escena es buena, y la canción impactó en su momento.




3) Hair. Sí, es cierto, la coreografía del supuesto tumulto carcelario es muy poco creíble, pero como es la canción que da título al musical y tiene su marchilla, no me resisto a ponerla. Me pregunto por qué no se ha usado nunca para un anuncio de champú (sería muy propio).


4) Let the sunshine in. La secuencia final de la película. Esta sí es de gran impacto. Las imágenes de los soldados subiendo a los aviones rumbo a la guerra y a la muerte son espectaculares.


Hermosos recuerdos de aquellos maravillosos años.

domingo, junio 07, 2015

Una de montañismo: El reto de los dosmiles de la Comunidad de Madrid

*Corrección importante: desde que escribí esta entrada, apenas he podido subir ninguno, pero me he dado cuenta de que son bastantes más que los 26 que yo tenía identificados. Iré actualizando el número según los vaya encontrando y subiendo. De momento, puedo poner el número 27, el pico de Navahondilla, que está en Cuerda Larga, y el 28, El Escalerón, al sur de Cabeza de Hierro menor. He corregido el texto de acuerdo con este nuevo dato. Algunos cambian de orden, porque según mires qué y dónde, te dan diferentes alturas. Los picos marcados en rojo ya han sido "conquistados".

Me he propuesto que a lo largo de los próximos meses, iré subiendo a todos los montes de más de 2.000 metros de la Comunidad de Madrid. En total son 27 28 picos* que, como dicen en un blog por ahí, los vamos a subir sin oxígeno, igualito que los escaladores del Himalaya con los catorcemiles.

Algunos de estos picos los he subido ya alguna vez, pero la cuenta empieza ahora y, por supuesto, tocará repetir más de uno.

Aquí va la lista, que iré actualizando marcando los ya conquistados con la fecha y añadiendo la foto correspondiente. Son 28 pequeños desafíos.

1. Peñalara 2.428 metros.
(Excurisión de Peñalara)

2. Risco de los Claveles 2.388 metros.
(Excursión de Peñalara)

3. Cabeza de Hierro Mayor 2.381 metros.
(Cuerda Larga)

4. Cabeza de Hierro Menor 2.374 metros.
(Cuerda Larga)

5. Risco de los Pájaros 2.334 metros.
(Excursión de Peñalara)

6. Dos Hermanas 2.285 metros.
(Excursión de Peñalara)

7. Cerro de Valdemartín 2.280 metros.
(Cuerda Larga)

8. Bola del Mundo ó Alto de Guarramillas 2.265 metros.  (Sábado, 30 de mayo de 2015)


9. Asomate de Hoyos 2.242 metros.  (Viernes/Sábado, ruta nocturna del 19 al 20 de agosto de 2016)
(Cuerda Larga). 
Ascenso como parte de la ruta nocturna de Luna Llena de agosto de 2016. No haciendo Cuerda Larga al completo. Éste fue más o menos nuestro recorrido (track hecho a mano antes de hacer la ruta real, hay pequeñas variaciones):

Ruta Lunera 2016


10. Pandasco 2.238 metros.
(Cuerda Larga) 

11. Navahondilla 2.234 metros. (Viernes/Sábado, ruta nocturna del 19 al 20 de agosto de 2016)
Ascenso como parte de la ruta nocturna de Luna Llena de agosto de 2016. No haciendo Cuerda Larga al completo. Éste fue más o menos nuestro recorrido (track hecho a mano antes de hacer la ruta real, hay pequeñas variaciones):

Ruta Lunera 2016

Este autorretrato se hizo en Navahondilla


Donde también paramos a cenar, claro está


12. El Escalerón 2.229 metros
(al sur de Cabeza de Hierro Menor)

13. La Maliciosa 2.227 metros. (Sábado, 30 de mayo de 2015)


14. El Nevero 2.209 metros.
(Zona de Lozoya, se puede hacer con Peñacabra)

15. Peñacabra 2.165 metros.
(Zona de Lozoya, se puede hacer con El Nevero)

16. Los Neveros 2.138 metros.
(Circular desde La Granja. También este enlace)

17. Siete Picos 2.136 metros.
(Desde Puerto de Navacerrada o Cercedilla)

18. Alto del Morete 2.131 metros.
(Circular desde La Granja. También este enlace)

19. Peña Cebollera o Pico de las Tres Provincias 2.128 metros.
(Desde Puerto de Somosierra. Sierra del Ayllón. También combinable con Cabeza del Tempraniego)

20. Bailanderos 2.133 metros.  (Viernes/Sábado, ruta nocturna del 19 al 20 de agosto de 2016)
(Cuerda Larga)
Ascenso como parte de la ruta nocturna de Luna Llena de agosto de 2016. No haciendo Cuerda Larga al completo. Éste fue más o menos nuestro recorrido (track hecho a mano antes de hacer la ruta real, hay pequeñas variaciones):

Ruta Lunera 2016

Este es el grupo al comenzar y al terminar la excursión




21. La Najarra 2.108 metros. Domingo 15 de noviembre de 2015.
La hicimos como caminata única, no como parte de Cuerda Larga. Un agradable paseo para una soleada mañana de domingo otoñal. Me acompañaba mi hermano Erwin.



Aquí una pausa en el refugio de la Najarra. Un pequeño tugurio donde caben dos o tres personas en caso de necesidad.




Tuvimos la suerte de cobrarnos un bello trofeo de "caza fotográfica"




La Najarra la he repetido en la ruta nocturna de Luna Llena de 2016 (19, 20 de agosto). Ruta Lunera 2016. Desde allí vimos amanecer





22. Alto de Matasanos 2.107 metros
(En la Pedriza)

23. Reajo Alto 2.102 metros.
(Desde Navafría, zona Lozoya)

24. El Reventón 2.078 metros.
(Circular desde La Granja. También este enlace)

25. Lomo Gordo 2.077 metros.
(Desde Navarredonda. También se puede hacer desde Navafría)

26. Cabeza del Tempraniego 2.071 metros
(Desde Somosierra. Combinable con Tres Provincias)

27. Coto de Montejo 2.047 metros
(combinable con Cabeza del Tempraniego y Tres Provincias)

28. Peña del Águila 2.010 metros
(Desde Cercedilla. También combinable con excursiones desde El Puerto de los Leones con dosmiles segovianos)


Parece que tenemos trabajo por delante. Ya irán cayendo :-)

miércoles, octubre 08, 2014

Explosión de vida: un paseo por el Parque Nacional de Yosemite


Empecemos por el nombre. No se pronuncia Yosemait, ni tampoco Yosemíte, como si fuera una palabra llana, que es lo que acostumbramos a hacer los españoles. En inglés es palabra esdrújula y basta recordar esto, que la letra “t” debe suavizarse un poco y que la “e” final suena como una “i” para el nombre fluya correctamente de nuestros labios cuando hablamos del Yosemite National Park (pronunciesé Yosémiti Nasional Parc).

Situado a algo menos de cuatro horas en coche de San Francisco, se trata de una de las joyas que la Madre Naturaleza ha puesto a nuestra disposición para que nuestra alma sienta, al menos por unos momentos, la llamada de bosques vírgenes y montañas cencidas que turba nuestro espíritu y despeja nuestra mente cuando conseguimos alejarnos de la horrenda obra del ser humano y nos adentramos en la naturaleza. El Parque Nacional de Yosemite es una de las explosiones de vida y paisajes naturales más impresionantes con los que podamos soñar los humanos de a pie.

La prosaica realidad es que la parte más accesible –lo que se puede visitar en un par de días sin adentrarse en lo que llaman YosemiteWilderness y que requiere la obtención de permisos específicos- no se compone precisamente de bosques vírgenes ni de montañas donde jamás haya hollado la bota del hombre. Para quienes soñamos de noche con las aventuras de Jack London y los viajes a tierras inhóspitas, las riadas de gente y la gran cantidad de regulaciones que afectan al parque (aparque aquí y sólo aquí, suba en el shuttle bus si quiere ir más lejos, no pise fuera de las sendas, utilice esta ruta de subida, utilice esta otra de bajada, senda exclusiva para caballos, senda prohibida para ciclistas, y un largo etcétera) amenazan con romper parte del encanto. Pero hay que entender que las normas son un tributo imprescindible que hay que pagar para gestionar a los más de tres millones de turistas que lo visitan cada año. Dejados a su libre albedrío, arrasarían (o arrasaríamos) el parque en menos de una década.

Haciendo abstracción de estos detalles, una de las primeras cosas que debe impresionar al viajero es la gran cantidad de animales salvajes que se dejan ver. A juzgar por su número, las ardillas –de diversos tipos- no son una especie en peligro de extinción. Se ven de forma continua y algunas, como la de la foto, subida en un saliente de una secuoya gigante en la zona de Mariposa Grove, posan con todo descaro para mayor deleite del visitante. Además, se ven abundantes aves como una hermosísima de color azul, cuyo nombre ignoro, o cuervos que se detienen a escasos metros de los turistas.

Yo no vi, pero sé que hay, ciervos y otros animales mayores. Las autoridades del parque advierten que también es bastante común encontrarse con osos, que pueden aparecer en mitad de las sendas en cualquier momento con ganas de compartir el almuerzo de los excursionistas. En estos casos parece que lo recomendable es “gritar, dar palmadas y actuar agresivamente para asustarlos”. No sé yo qué tal funcionará el sistema. Las sendas que yo recorrí estaban lo suficientemente concurridas como para que cualquier oso de mediana inteligencia se mantuviese a prudente distancia. Son tantos los avisos que pueden encontrarse sobre los osos, que confieso que acabé un poco decepcionado por no haber tenido la oportunidad de toparme con alguno.



Ascensión a las cascadas

Entre las muchas rutas que pueden hacerse en el parque (tanto para hacer a pie, como a caballo y con diferentes niveles de dificultad para adecuarse a cualquier edad o estado físico) yo escogí para empezar una que me recomendó una amable ranger en el centro de información de Mariposa



Ésta es una pequeña y pintoresca ciudad muy bien ubicada, a unas 30 ó 40 millas de cualquiera de las dos entradas principales del parque, en la que no hay absolutamente nada que hacer más que pernoctar, aprovechando que los precios son sensiblemente más baratos que en los alojamientos dentro de Yosemite.

Tras hacer un pequeño recorrido en coche por un paisaje fabuloso (que incluye, entre otras cosas, unas impresionantes vistas de El Capitán, el sueño dorado de los escaladores), mi excursión comenzaba aparcando cerca del centro de visitantes de Yosemite Valley. Ahí es necesario subirse en un autobús (shuttle bus) gratuito que hace un recorrido circular con paradas en todos los puntos desde los que se puede comenzar una ruta. Mi parada era la 16. A partir de ahí, para  encontrar el camino sólo hay que seguir a la persona que va delante. La ruta que realicé es una senda circular, de unas 6 ó 7 millas en total (unos 10 kilómetros, creo), muy bien marcada y sin dificultades técnicas, pero con algunas subidas intensas por largas escaleras de piedra que requieren algo de esfuerzo. Esta ruta permite acceder a la parte superior de Vernan Falls, en primer lugar, y de Nevada Falls, después.


Los paisajes son tan espectaculares como cambiantes, pasando de caídas agrestes a zonas de río, subidas abruptas o pequeños oasis de paz como la Laguna Esmeralda, en la parte superior de Vernan Falls. Junto a esta pequeña pero preciosa laguna conseguí, por primera vez, encontrar un rincón en el que estar a solas, sin la presencia permanente de otros excursionistas, y disfruté de la paz y del abrumador sonido del silencio en la naturaleza.



Desde la parte superior de la segunda cascada sube la ruta que conduce a la cima de Half Dome, una de las cumbres más emblemáticas del parque. No me lancé a hacer cumbre por tres motivos: uno porque era añadir cuatro millas de ida y otras tantas de vuelta y eso me llevaría demasiado tiempo, que necesitaba para ver otras cosas; dos porque para hacer cumbre es necesario obtener un permiso previo, que yo no tenía, y que creo que hay que solicitar en el centro de visitantes; y tres, porque después de una semana de trabajo durmiendo poco y comiendo mal y en exceso, el cuerpo lo notaba pesado y consideré oportuno no excederme con la caminata.

En todo caso, al llegar a la parte superior de Nevada Falls, uno se encuentra al pie de otra gran mole de granito llamada Liberty Cap y que también tiene su encanto. Yo me precipité al almorzar nada más terminar de subir. De haber caminado unos metros más, habría disfrutado del bocadillo un poco más en unas preciosas explanadas de piedra justo donde nace la cascada.

El descenso, a través de la llamada Winter Trail (la única ruta abierta en invierno, porque la que discurre más pegada a las cascadas y que utilicé de subida debe ser peligrosa por la nieve y el hielo) es un agradable recorrido que no tiene más historia que el detenerse de cuando en cuando a admirar la belleza que nos rodea.

Al terminar este recorrido cogí el coche para acercarme a otra zona principal, la carretera que lleva a Glacier Point. La subida en coche, si bien se hace un poco larga, es muy atractiva. Hay un par de miradores (culminando con el que está en el propio Glacier Point) que permiten observar el valle de Yosemite en toda su grandeza, identificando los montes principales y con la curiosidad de poder ver de lejos la parte superior de las cascadas, por donde yo había estado caminando pocas horas antes.
Si hay suerte, también se pueden ver algunas cabecitas de excursionistas en la cumbre de Half Dome. Ampliando mucho esta foto se ven dos o tres tipos arriba.


Ya en el camino de vuelta, me detuve en la zona de aparcamiento de Taft Point para hacer la segunda caminata del día, el ascenso a SentinelDome. Es un recorrido corto, de poco más de una milla de subida si no recuerdo mal. Como curiosidades, hasta entonces no había encontrado ningún montón de piedras en forma de hito para marcar el camino como se acostumbra a hacer en España. En este recorrido, sin embargo, los organizadores han colocado un buen montón de ellos –excesivos a mi modo de ver- y de una altura considerable. También se ven cosas curiosas como que cortan un árbol caído en mitad de la ruta para despejar el camino. El objetivo: que nadie se salga de la senda marcada.

El cartel invitando a no pasar por una zona determinada (donde se está recuperando la vegetación) es también un indicativo del cuidado exquisito que tienen las autoridades con el parque.


Sentinel Dome es una mole granítica desde la que se tienen unas preciosas vistas del valle. Por desgracia, dada la avanzada hora de la tarde, El Capitán lo tenía con un fuerte contraluz, por lo que no pude hacer una fotografía en condiciones.


Tras este breve paseo, se me echó la noche encima y volví a Mariposa.

Tocando el cielo

Para el segundo día, en el que sólo contaba con la mañana, puesto que después tenía que volver a San Francisco, escogí la entrada sur del parque, que conduce a Mariposa Grove. Ahí se encuentra uno de los bosques de secuoyas gigantes que existen en Estados Unidos.

Son unos árboles majestuosos y fantásticos que, curiosamente, prosperan gracias a los incendios forestales naturales. Su corteza, que puede alcanzar los 30 centímetros de espesor, les brinda una gran protección. El fuego despeja el bosque de especies competidoras, prepara el suelo para la germinación de sus semillas (necesitan un suelo mineral, con poco sustrato vegetal) y reseca y abre las piñas para que las semillas salgan al exterior. Este árbol también vive en simbiosis con las ardillas e insectos que esparcen su simiente.

He aquí que la intervención humana, y en este caso aparentemente positiva, también ha hecho un daño considerable a los bosques de secuoyas. Antes de entender bien cómo funcionaba la extraña relación de las secuoyas con el fuego, los esfuerzos por controlar los incendios forestales tuvieron tanto éxito que permitieron el desarrollo de especies competidoras, impidiendo el nacimiento y desarrollo de secuoyas jóvenes durante décadas. Una vez apreciado el problema, las autoridades provocan periódicamente fuegos controlados por zonas para asegurar la pervivencia del bosque en el estado más natural posible.

Otra de las intervenciones humanas más dañinas ha sido el hacer túneles en un par de árboles. Se hacían en el pasado como un elemento de atracción turística, para que la gente se hiciese fotos pasando por debajo a pie, a caballo, en carro o en automóvil. El primero de estos árboles taladrados, debilitado por el túnel, acabó colapsando un invierno por el peso de la nieve. Así que taladraron un segundo, que aún vive y está en pie. Espero que si se derrumba no se les ocurra horadar un tercero (tranquilos, no lo harán, la mentalidad ha cambiado bastante y el objetivo principal ahora es la preservación del parque en el estado más natural posible).

Las secuoyas no mueren con facilidad. Aparte de su resistencia al fuego, aparentemente no mueren por la edad (algunas tienen 3.000 años o más) y sólo cuando son derribadas por el peso de la nieve o las tormentas acaban su existencia. Para evitar colapsar, cuentan con unas raíces que si bien no son muy profundas (unos dos o tres metros), se extienden mucho a su alrededor, formando una base muy amplia. Son capaces de compartir las raíces con otras secuoyas vecinas, fusionándose con ellas y formando un único organismo vivo –aunque sean varios árboles nacidos de semillas diferentes-. De ahí que aparezcan comúnmente en pequeños grupos de dos o tres, como arropándose unas a otras en su esfuerzo por alcanzar el cielo.

Todo el paseo por Mariposa Grove lo hice caminando (existe la posibilidad de hacerlo en un pequeño autobús o tren turístico), añadiendo otros 6 u 8 kilómetros a mis piernas –agradecidas por el pequeño esfuerzo tras días de sedentarismo urbano-, y llegando hasta el extremo superior, donde me esperaba otra hermosa vista de los valles.

Esto fue todo. Una gran excursión de día y medio en la que, si bien sentí algo de pena por la excesiva humanización del entorno, también conseguí abrir una vez más la puerta del espíritu para volver a sentir la llamada de la naturaleza. Pude volver a soñar con tiempos salvajes y rememorar una era que nosotros no hemos vivido en el que viajar era una forma de vivir para las almas inquietas y en la que a cada paso, con cada nuevo valle y cada nueva montaña conquistada, se abrían nuevas puertas a campos cada vez más extensos y desconocidos.

´No es más quién más alto llega, sino aquel que influenciado por la belleza que le envuelve, más intensamente siente´ Maurice Herzog, primer montañero en subir el Annapurna.

Todas las fotos que hice en la excursión se pueden ver aquí.


miércoles, marzo 12, 2014

Estrategias de negociación: el método Falkenhayn

La Primera Guerra Mundial es "la gran divisoria", como la calificó Galbraith. Supuso la primera guerra de escala industrial de la historia, cambió planteamientos estratégicos y transformó los protocolos que hasta entonces habían imperado en el concepto de guerra. Fue una guerra que hizo aterrizar al mundo de golpe en toda la brutalidad del Siglo XX, hizo desaparecer tres monarquías imperiales históricas, debilitó a las grandes potencias coloniales, consagró el dominio económico del capitalismo en el mundo occidental y al mismo tiempo facilitó la Revolución Rusa y la inauguración de la puesta en práctica de las ideas económicas socialistas y comunistas. También supuso el comienzo del liderazgo político internacional de Estados Unidos.

A partir de este conflicto se transforma igualmente el método para terminar una guerra. Desde 1918, cualquier tipo de pacto o compromiso tras un enfrentamiento bélico de envergadura es casi una quimera. Hasta entonces, por salvaje que hubiese sido una guerra, un país derrotado podía esperar una propuesta de paz medianamente aceptable por parte del ganador en la contienda: la presentación de un documento en el que se reconocía a un vencedor, se cedían unos territorios, se adquiría el compromiso de pagar unas reparaciones de guerra y, a cambio, se recuperaban los prisioneros en manos del enemigo y se mantenía el estatus de país reconocido o se recuperaba incluso la condición de potencia, quizá herida, pero básicamente incólume.

Durante el conflicto, sobre todo en los dos primeros años, los contendientes no tenían las ideas demasiado claras. La mayor parte de ellos tenían un concepto bastante nebuloso sobre cuáles eran sus objetivos de guerra (que consistían básicamente en determinadas anexiones territoriales, imponer algunas ventajas económicas y arancelarias y obligar al contrario a pagar indemnizaciones) y suponían que podrían conseguirlos obligando a sus rivales a sentarse en una mesa de negociación tras alguna victoria militar.

En 1915, y simplificando quizá en exceso, la situación es la siguiente: a) Tablas en el frente occidental, con las líneas defensivas bien establecidas dentro de los límites territoriales de Francia, b) Los alemanes vapulean a los rusos en Polonia y la zona del Báltico, c) Los rusos vapulean a los austriacos un poco más abajo en el mapa, d) los aliados se desgastan frente a los turcos en la Batalla de Galípoli, desperdiciando una enorme fuerza de combate en unos cientos de metros de playa.

En esta situación, Erich Von Falkenhayn, Ministro de la Guerra de Prusia y Jefe del Estado Mayor Alemán durante los primeros años del conflicto, tiene una idea bastante clara de cómo ganar la guerra. Su objetivo es obligar a los rusos a firmar una paz por separado y después, aprovechando la posibilidad de trasladar tropas a occidente, obtener una victoria decisiva contra Francia y el Reino Unido.

Uno podría sospechar que, para obligar al Zar a firmar una paz por separado, lo más lógico sería conseguir primero una victoria militar aplastante contra Rusia y, con esos argumentos, invitarla a sentarse en la mesa a discutir los términos de una rendición honrosa.

Pero Falkenhayn, que era un hombre metódico, inteligente y experimentado, suponía, con razón, que una victoria demasiado grande sería, en realidad, un impedimento absoluto para la negociación. Suena paradójico, pero si se profundiza un poco más en el asunto, se ve que su posición no está exenta de lógica.

Una victoria aplastante sobre los rusos, incluyendo la dominación de amplios territorios del imperio del Zar, habría obligado a Rusia a seguir combatiendo, puesto que se negaría a sentarse a negociar desde una posición de clara desventaja. El ejército ruso estaba mal adiestrado, mal pertrechado y peor dirigido, pero contaba con reservas prácticamente infinitas. Obligado a luchar hasta el fin, habría sido un rival muy duro y casi imposible de derrotar del todo.

Por otra parte, muchos alemanes, incluyendo militares influyentes del Ejército Alemán y miembros del Gobierno, no habrían considerado aceptable devolver a Rusia los enormes territorios conquistados (entre esos territorios, la joya que se disputaban era Polonia) si se planteaba una negociación tras un victoria militar de envergadura.

Por lo tanto, el método de negociación de Falkenhayn consistía esencialmente en conseguir sólo una victoria limitada, una pequeña ventaja con la que poder sentarse en una mesa de negociación con capacidad para imponer las condiciones esenciales, dejando que Rusia se lamiese las heridas sin sufrir males mayores y sin que se sintiese humillada.

El hecho de que Falkenhayn no tuviese éxito (en la Primera Guerra Mundial a ninguno de los aliados se les pasó por la cabeza firmar una paz por separado hasta el triunfo de la Revolución Rusa) no quiere decir que su método no sea acertado. Y creo que es una lección válida para otras situaciones de negociación aunque no estén relacionadas con el entorno militar.

Eso sí, me resulta difícil encontrar un paralelismo en el mundo de la empresa y los veo mucho más evidentes en el entorno político. Veo con claridad que, a la hora de proponer un pacto de gobierno o acordar unas condiciones para la aprobación de una ley, la negociación solo es posible si la oposición tiene alguna posibilidad de hacer valer algunos de sus argumentos. Una oposición demasiado débil será incapaz de hacer prosperar ni una sola de sus ideas y solo encontrará consuelo en criticar de forma inmisericorde las decisiones del partido gobernante.

Igualmente, un líder de partido que tenga una ventaja negociadora y tenga voluntad de llegar a un pacto, no podrá convencer a sus propios seguidores de la necesidad de ese pacto si cuenta con una mayoría parlamentaria tan abrumadora que puede imponer cualquier decisión.

Y el problema básico es que el compromiso y el pacto, en la mayor de las situaciones, es la solución óptima para sacar adelante proyectos, leyes y decisiones que beneficien a la sociedad en su conjunto. La imposición por parte de un partido no sirve más que para ahondar las fracturas sociales en un país. Y lo que es más significativo, la imposición de condiciones solo permite obtener réditos políticos a corto plazo -de forma que la victoria, por aplastante que sea, se convierte en temporal-. Me refiero, claro está a situaciones como la reforma de la ley del aborto y la nueva ley de educación. A la hora de conseguir su permanencia en el tiempo, lo sensato habría sido llegar a posiciones de consenso. Con la imposición mediante mayoría absoluta, son leyes condenadas a la derogación en cuanto haya un cambio de Gobierno.

Quizá tengamos la oportunidad de ver aplicado el método Falkenhayn en el caldeado panorama político español, pero dados los antecedentes, me temo que tendrá que ser en otra legislatura.

Todo esto sobre Falkenhayn lo estoy aprendiendo en el libro -que aún no he terminado- 1914-1918. Historia de la Primera Guerra Mundial, de David Stevenson.

Anex:

Entradas anteriores que, de algún modo, están relacionadas con enseñanzas que pueden encontrarse en los libros:

El método zulú: trabajo en equipo
El método Rommel (sobre liderazgo de personas)
Grandes Comunicadores de la Historia: Tolomeo era un crack
Grandes Comunicadores de la Historia: el caso del General Castaños y la marca personal
Julio César: el comunicador



domingo, enero 19, 2014

El año de la ciclogénesis explosiva

En los últimos días del año 2013 una noticia recorrió los informativos: el año iba a acabar con una ciclogénesis explosiva. Un término, que si bien se refería únicamente al tiempo atmosférico, a mí me pareció muy descriptivo de lo que había sido el año entero en todos los sentidos. Un año de crisis, de miedo, de conflicto, de paro, de hipocresía por parte de los políticos... por un momento parecía que algo grandioso iba a ocurrir en diciembre, que la ciclogénesis explosiva iba a barrer todo lo que encontrase a su paso y acabaría una época entera para dar paso a un tiempo nuevo.

Pero pasaron las fiestas, pasó diciembre, llegó el año nuevo y el ritmo cansino de las informaciones que nos recuerdan a diario la mediocridad de nuestro entorno volvió a adueñarse de las páginas de los periódicos y los minutos de radio y televisión. La corrupción en las cercanías de la Casa Real, la imputación de la Infanta, los flecos de la trama Gürtel, los ecos del escándalo de los EREs en Andalucía, el desenfreno en UGT con los fondos para la formación, el recuerdo del caso Bankia y las preferentes, la ignominiosa memoria de Bárcenas y la sombra de sospecha que oscurece todo el panorama político, la tensión por el independentismo en Cataluña y un largo etcétera son las noticias de 2014, como fueron las de 2013.

Quiso el azar que yo terminase el año leyendo un libro excepcional. Me refiero a Todo lo que era sólido, un lúcido ensayo de Antonio Muñoz Molina  que se centra en los cambios que se han producido en España sobre todo en los últimos 10 ó 15 años, pero que por extensión refleja también lo acontecido en términos generales desde la transición, desde una época de ilusión y promesas a otra de desengaños, desde un tiempo de ideales a otro tiempo en el que predominan la desidia y la desesperanza. Y repasa los tiempos intermedios, con especial énfasis en la locura económica de la década prodigiosa anterior a la crisis en la que todavía nos encontramos inmersos.

El libro es altamente recomendable, aunque advierto que deja bastante mal cuerpo. Da la sensación de que no hemos aprendido nada, de que nuestra sociedad ha caminado ciega hacia el abismo y ahora deambula desorientada buscando un rumbo que no acaba de encontrar. Y da la sensación de que no queda mucho espacio para la esperanza, pues aunque sí hay un claro consenso a la hora de diagnosticar la situación (¡Todo está fatal!), no parece haber el mismo tipo de acuerdo a la hora de buscar soluciones.

Podría decir que cada página de esta obra es brillante, y cada fragmento (el libro está dividido en microensayos, lo que facilita mucho la lectura) está no sólo muy bien escrito, sino sobre todo muy bien pensado.

Quise subrayar algunos párrafos para publicar algunas ideas destacadas. Pero al final me encontré con que había que subrayar prácticamente todo. Dejo aquí, eso sí, la locución del primer capítulo, que es una muestra excelente de lo que el lector puede encontrar en el libro.


sábado, noviembre 23, 2013

Mañana en la batalla pensaré en tí

El ajedrez es, en esencia, una religión pagana, y Caissa, la única deidad a la que muchos aficionados estamos dispuestos a adorar, es nuestra diosa. Cada domingo, miles de fieles en todo el mundo, quizá millones, se dirigen presurosos a los altares para ofrecerle unas horas de oración y profunda meditación. Y también le ofrecen a Caissa sacrificios rituales: peones, caballos, torres, alfiles y damas para obtener sus favores en forma de victorias (ni que decir tiene que no todos lo consiguen, por cada favorecido por la diosa hay otro que se va derrotado y cabizbajo).

La Fe de los guerreros de fin de semana no tiene nada que ver con la de los grandes campeones, que viven del ajedrez y que realizan movimientos y maniobras inescrutables para la mayor parte de los mortales. Tampoco tiene que ver con la de los ancianos en el parque o los jugadores de cafeterías, que sólo mueven las piezas ocasionalmente por puro entretenimiento. El jugador "serio", que es sólo un aficionado, pero que le ha dedicado largas horas de estudio -y días y noches de frenética obsesión-  a este centenario juego, no juega por la gloria, ni por dinero, ni por entretenimiento. Juega porque no puede evitarlo.

Nadie abandona por completo el ajedrez. Nadie abandona a Caissa, o al menos nadie la abandona del todo. Una vez que uno se ha iniciado el camino de la guerra dominguera (Caissa es una diosa guerrera, casi olvido decirlo), ya puede pasarse meses o años sin aparecer por el club que tarde o temprano recordará el olor de la pólvora y se plantará de nuevo en el campo de batalla.

Así me ocurrirá a mi mañana. Tras casi ocho años de ausencia, estoy de vuelta. Mañana, en la batalla, estaré pensando en Caissa. Como fiel devoto, a la diosa le pediré varias cosas: capacidad de concentración, entretenimiento, inspiración y, sobre todo, no dejarme ninguna pieza en alguna jugada estúpida.

No sé si atreverme a pedirle la victoria. Veremos mañana.