viernes, enero 20, 2006

Una mirada crítica

Siempre que tengo ganas de ver las cosas de otra manera le echo una mirada la página de Xavier Sala-i-Martin, economista de reconocido prestigio, gran sentido del humor y pluma afilada.

Escribe habitualmente para La Vanguadia.

Hoy me he encontrado este artículo: Salvar el Mundo Puede Ser Perjudicial. En él, hace una dura crítica sobre los sistemas que se articulan desde el primer mundo para ayudar al tercer mundo a salir de la pobreza. Ya me he topado con ideas similares en artículos del propio Xavier y de otros economistas. Notablemente, también de economistas africanos. Creo que merece la pena reflexionar sobre el tema.

Esto es, más o menos, lo que creo yo que puede ser útil para el desarrollo económico:

  • Hay que dejar de enviar objetos (ropas, juguetes, electrodomésticos, ordenadores, libros...). La entrada de productos gratuitos, nuevos o de segunda mano, en países subdesarrollados conduce a la ruina de las empresas locales, a la destrucción de empleo y, por consiguiente, a incrementar la pobreza.
  • Las ayudas se deben mantener para casos de emergencia (hambrunas, inundaciones, huracanes...), pero deben ser limitadas en el tiempo. Una vez que lo más agudo de una crisis se consigue superar, hay que dejar de enviar recursos y permitir actuar a las economías locales. Si se sigue enviando dinero, incluso para la compra de alimentos, se producen situaciones inflacionarias artificiales, se enriquece a unos pocos proveedores locales y se empobrece a otros.
  • No se debe permitir jamás que la aparición de una crisis en un punto desvíe fondos de los propósitos originales. Esto viene a cuento de una triste experiencia personal cuando intenté colaborar con una ONG. Había un proyecto muy atractivo para África, pero como estalló la guerra en Afganistán, la ONG se dedicó a buscar fondos públicos para los refugiados de Afganistán. ¿El razonamiento? si la ONG no conseguía meterse entonces en el reparto de fondos públicos, se quedaría fuera de juego para por lo menos un año. Los africanos se quedaron sin proyecto.
  • Hay que permitir la libre competencia de los productos y servicios de los países subdesarrollados en el mundo desarrollado. Por lo tanto, hay que eliminar las ayudas y subvenciones a la agricultura e industria del primer mundo. Los países subdesarrollados, simplemente, no tienen la capacidad para subvencionar del mismo modo su producción.
  • Ante la aparición de cualquier conato de corrupción, denuncia pública inmediata y retirada de ayudas y programas de apoyo. Elminación del secreto bancario para dirigentes de países en vías de desarrollo (o para todos). Lamentablemente, mucho dinero donado por particulares e instituciones acaba en cuentas secretas en Suiza.
  • Todos los programas de ayuda para el desarrollo de la educación, sanidad, etc... deben estar mayoritariamente gestionados por personal local. La aparición de docenas de bienintencionados miembros de ONGs e instituciones de ayuda al desarrollo (Banco Mundial y otros) genera situaciones de desequilibrio notable, con gente con mucho dinero (mucho mejor pagados que los profesionales locales) que genera microparaísos económicos. Contratan chóferes, cocineros, alquilan coches... Cuando esta gente se marcha, el microparaiso se va al traste y todos al paro de nuevo.

Y, por supuesto, hay que suprimir todo el tráfico de armas con estos países. Y para ello hay que impedir que las empresas fabricantes del primer mundo comercien directa o indirectamente en el tercer mundo.

Son sólo unas anotaciones a vuelapluma.

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