sábado, septiembre 30, 2006

El libro más corto para el día más largo

El pasado miércoles fue un día particularmente largo para mí. Me levanté antes de las cinco de la mañana para estar en un avión rumbo a Barcelona a las 7:10. Allí estuve todo el día de reuniones con la gente de ALBA (Asociación de ayuda a personas con albinismo) en el Centro de Recursos Educativos Joan Amades de la ONCE (muchas gracias a la ONCE y a los organizadores por su apoyo), con el objetivo de seguir avanzando en la organización de actividades en favor de la población albina. No volví a casa hasta las 10:00 de la noche.

Para un día de tan marcada longitud, decidí llevarme un libro y así entretenerme en los tiempos de espera en el aeropuerto y en el avión.

Animado por lo mucho que disfruté de la lectura de Un Puente Lejano, de Cornelius Ryan, decidí llevarme El Día más Largo, del mismo autor, que había comenzado un par de días antes, y que relata las peripecias de aliados y alemanes durante el Desembarco de Normandía.

Lo más sorprendente del libro es que es muy corto, demasiado corto. A eso de las 7:30 de la mañana había acabado con él. Y aunque resulta un relato ameno, me resultó un poco decepcionante frente a la vibrante redacción de Un Puente Lejano. En comparación con la operación Market Garden, el Desembarco de Normandía parece un picnic (con más de 10.000 bajas sólo en el bando aliado, pero contado como un viaje de fiesta).

Una cosa curiosa. Cuando cerré el libro en el avión por la mañana me dió la sensación de que faltaba algo. El relato se centraba demasiado en las tropas americanas y y la parte británica y canadiense del relato quedaba medio coja. Al ojear el libro en el vuelo de vuelta, me dí cuenta de que me había saltado unas 15 ó 20 páginas (cosas del sueño a primera hora de la mañana). Eso me facilitó un ratito más de amena lectura en el viaje de vuelta.

viernes, septiembre 22, 2006

Más sobre la ineficacia de la publicidad contextual


Los que me han leído con anterioridad saben que tengo serias dudas sobre la eficacia de la publicidad contextual.

Hoy me he encontrado los anuncios de arriba en El País (haciendo click sobre la imagen se amplía).

¿Adivinan a qué noticia acompañaban estos anuncios?

Justo. A la polémica sobre el ácido bórico encontrado en un piso de presuntos terroristas islámicos y años atrás en un piso de ETA y que sirve para matar cucarachas.

Muy útil la publicidad contextual. Seguro que cuando estoy leyendo esa información es porque estoy interesado en acabar con los insectos que pueblan mi casa.
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Las mujeres son los mejores jefes, según un estudio británico. O no.

¿Se imagina alguien la publicación de un estudio que dijese exactamente lo contrario? ¿que afirmase que los hombres son mejores jefes?

No. Nadie podría publicar algo así sin que lo clasificasen de inmediato como machista retrógrado y recalcitrante.

Pues según este artículo publicado en Noticiasdot.com, las mujeres son mejores jefes que los hombres. Un titular así, con una generalización tan vasta, me hace arquear las cejas pensando que hay gazapo por detrás (y que quien elaboró el estudio, o el periodista que escribe el artículo, debería ir a un psicólogo de urgencia a que le traten la paranoia sexista).

Lo curioso es que eso, que las mujeres son mejores jefes que los hombres, es lo que dice el titular, pero de las contestaciones a las preguntas de la encuesta (de cuyas cualidades científicas no se dice nada de nada) no se puede desprender una afirmación tan tajante. De hecho, el aspecto en el que destacaban primordialmente las mujeres es "la confianza depositada en los trabajadores no regulares (teletrabajo, etc)". Un elemento, la confianza en los teletrabajadores, que debe ser una cualidad de los buenos jefes, pero imagino que no es la única.

El texto también dice que "Partiendo de la conclusión que la confianza en el equipo es lo más importante, los encuestados también respondieron que preferían a las mujeres porque visten mejor que los hombres". Esta afirmación no sólo me ha hecho enarcar las cejas. También me he rascado la cabeza varias veces tratando de ver la conexión entre la confianza y vestir mejor (no he tenido éxito).

A mí particularmente me encanta ver mujeres vestidas con traje de negocios (preferiblemente de raya diplomática), bien arregladas, con el punto justo de maquillaje y una sonrisa permanente en la boca. Pero lo considero desde el punto de vista meramente estético. En ningún caso considero que la raya diplomática, el peinado o el maquillaje constituyan elementos de juicio para valorar la capacidad profesional de una mujer.

Luego, en el artículo hay un batiburrillo de datos sobre cómo los jefes jóvenes no confían en los teletrabajadores y una conclusión que abruma:
"El énfasis puesto en la confianza y la fuerza de la relación social entre jefes y empleados apunta al hecho de que las mujeres, y en particular las mujeres de más de 50 años, representan el modelo ideal para dirigir el mundo de los negocios".

¡Ahí es ná!

martes, septiembre 19, 2006

El maldito puente estaba, de verdad, demasiado lejos

Acabo de terminar de leer Un puente lejano, de Cornelius Ryan.

Es la descripción de Market-Garden, una desastrosa operación aliada en septiembre de 1944 para establecer una cabeza de puente en el Rin, en territorio holandés, mediante el uso masivo de fuerzas aerotransportadas.

No me voy a detener en los detalles de la operación (se puede leer un buen resumen en el enlace). Pero sí recomiendo su lectura aquellos que estéis interesados en la Segunda Guerra Mundial, en el fenómeno de la guerra en general, en la estrategia y en cómo los generales toman decisiones que afectan a la vida y la muerte de miles de seres humanos. A veces esas decisiones parecen justificadas por las circunstancias, otras veces no.

En todo caso, una buena muestra de que toda guerra no es más que un cúmulo de despropósitos, tanto en el bando ganador como en el perdedor.

Y sí, el puente estaba demasiado lejos y, por si eso fuera poco, había que conquistar otros seis por el camino.

martes, septiembre 12, 2006

¿El fin del imperio Microsoft?

Para todos aquellos que se sienten oprimidos por la fortaleza de mercado y las debilidades tecnológicas de su sistema operativo (Windows, claro), les recomiendo la lectura de este artículo de The Guardian o del comentario de Enrique Dans al respecto.

Que el desarrollo de Windows Vista ha sido una pesadilla para Microsoft está bastante claro. Pero yo no estoy tan seguro de que el lanzamiento de este sistema operativo suponga el fin del imperio Microsoft.

Creo que los analistas confunden a veces la realidad con sus deseos. Los mercados son más tercos de lo que parece y, aunque Linux sea una alternativa razonablemente buena, la mayor parte de los ciudadanos simplemente no están dispuestos a hacer experimentos. Para la inmensa mayoría de los usuarios, Windows y las aplicaciones de ofimática de Microsoft son estándares de facto y no los van a cambiar porque un tecky les recomiende pasarse a Ubuntu y OpenOffice.

He aquí el comentario tipo:

"¿Que cuando guardo un documento con el nuevo procesador que me has instalado, lo tengo que "guardar como" con otra extensión para que lo vea seguro mi cliente? No, gracias. Yo quiero el Word de Microsoft, que es lo que tiene todo el mundo".

Esto es lo que yo considero que va a pasar con Windows Vista:

- Los usuarios domésticos que compren nuevo ordenador se lo llevarán cargado y listo para su uso. Con el tiempo y la renovación periódica de equipos que todo el mundo hace, la mayor parte de la gente tendrá Windows Vista en su casa.
- Los que no quieran cambiar de ordenador, seguirán utilizando Windows XP con toda tranquilidad, hasta que se les rompa cualquier chominada del equipo. Lo intentarán reparar, pero el precio será tan disuasorio que finalmente decidirán comprar un equipo nuevo. Y ¿con qué sistema operativo vendrá? Lo has adivinado: Windows Vista.
- Las empresas se mostrarán en inicio reticentes a comprar nuevas licencias (muchas siguen usando Windows 98 y Windows 2000). Pero de igual modo, cuando tengan que renovar equipos se encontrarán con el problema de que ya no les venderán nuevas licencias XP, que el servicio de soporte será cada vez menor, que Windows Vista se ofrece con determinadas ventajas de marketing, precio y/o incentivos...
- Muchas empresas querrán pasarse a Linux y estudiarán el tema. Algunas comprobarán que ciertas aplicaciones podrían llegar a dar algún problema, que los empleados se muestran reticentes a los cambios, etc. Muchos decidirán lo que han decidido hasta ahora: utilizar Linux en los servidores (algo controlable por los técnicos de sistemas) y dejar que los usuarios de PC sigan utilizando Windows.

Creo que de aquí a cinco o siete años Windows Vista estará por todas partes.

Además, Microsoft es una empresa de grandes recursos (financieros y humanos). Es posible que tengan que analizar su modelo de negocio y transformarlo para nuevos retos en el futuro. Cierto que el esquema rígido de fin de siglo ya no es válido y que tienen que buscar nuevas fórmulas para diversificar ingresos. Cierto que Linux supone una competencia que hace 6 u 8 años no existía. Cierto que un cambio de paradigma hacia aplicaciones en red y no residentes en el PC puede transformar profundamente el mercado. Pero dudo mucho que en la sede corporativa de Microsoft se queden sentados observando atónitos cómo se les viene el mundo encima.

Para las empresas, como es el caso de IBM, que competimos con Microsoft en determinadas áreas, más nos vale no confiar demasiado en que Microsoft se hunda solo. Casi mejor nos seguimos esforzando por seguir ofreciendo productos y servicios que capten la atención de nuestros clientes y les generen valor añadido.