domingo, abril 08, 2007

El economista camuflado

Dicen las malas lenguas que hasta un loro puede convertirse en un culto economista. Basta con que le enseñes dos palabras: oferta y demanda.

Esa es más o menos la sensación que producen la mayor parte de los libros de divulgación sobre economía que he leído. Normalmente están escritos por gente docta, de brillante trayectoria académica, que explican de maravilla por qué los mercados funcionan... o más bien explican por qué no funcionan como deberían. Simplemente, hay demasiadas barreras que impiden el buen hacer de la oferta y la demanda.

Leyendo esos libros uno saca la falsa conclusión de que hacer política económica es algo rematadamente fácil. Bastaría con ir eliminando las barreras que bloquean el mercado. Pero lo cierto es que los propios economistas saben que las cosas no son tan sencillas. Las barreras no surgen de la nada, sino de los intereses mundanos y humanos de personas y grupos que quieren, a toda costa, proteger su nivel de vida impidiendo que otros compitan en lo que consideran su terreno privado. Las barreras provienen de los intereses creados, del miedo a lo desconocido y de la necesidad de poner algunos límites al mercado para evitar, por ejemplo, que la inversión en vivienda elimine cualquier atisbo de zonas verdes en las ciudades.

El Economista Camuflado, un excelente libro de divulgación de Tim Hardford, explica estos problemas de forma muy didáctica. Y lo que es más notable, hace descender las teorías económicas a la vida cotidiana de las personas.

Uno siempre tiende a pensar que la economía es una cuestión de grandes números y que sólo nos afecta cuando esos grandes números indican subida de la inflación, aumentos de tipos de interés que nos harán pagar más por la hipoteca o aumento de la tasa de desempleo (lo que genera una nube de incertidumbre sobre nuestras cabezas). Sin embargo, Tim Hardford consigue hacernos ver cómo la teoría económica sirve también para explicar cómo decide el departamento de marketing de un supermercado los varios cientos de precios de los productos a la venta o por qué estamos dispuestos a pagar 2,5 euros por un café en Starbucks cuando se puede obtener en otro sitio desde 80 céntimos.

Leyendo este libro se aclaran cuestiones relevantes. Es una obra que explica muy bien conceptos como el de externalidad (algo paracido a "daños colaterales", pero aplicado a las acciones empresariales y económicas, por ejemplo: efectos sobre el medio ambiente), que propone alternativas a la política impositiva y que cuestiona, con propuestas relativamente audaces, los métodos de financiación y asignación de recursos en los sistemas sanitarios (tanto en los que se basan en el sistema privado -EEUU- como los que se basan en sistemas públicos -Europa-).

Quizá una de las cosas que me ha quedado más claras al leer este libro es la importancia de disociar el término "demanda" del concepto de "necesidad" o del de "lógica". O dicho de otra manera, no tiene nada que ver la lógica mundana -la que nos dice que lo suyo es comprar el mejor producto y/o el más barato- con las decisiones de compra de los ciudadanos. Si hay alguien dispuesto a pagar 2,5 euros por un café, es que existe esa demanda. Y si alguien está dispuesto a pagar 0,25 euros adicionales por 10 gramos de crema extra, es que hay una demanda para ello aunque la diferencia de precio con un café normal sea absurdamente elevada.

Los departamentos de marketing y ventas lo saben bien. Por eso han sido capaces de vender cafés a precios disparatados o de hacer creer a grandes grupos de población que un vehículo todo terreno es lo ideal para circular por una ciudad. Son ejemplos que rozan el absurdo en nuestro modo de pensar, pero que tienen su propia lógica interna dentro del sistema económico. Los fabricantes y proveedores de esos productos pueden determinar esos precios gracias a su posición dominante y a su control sobre la escasez. No es por la escasez de café, un producto abundante, sino por la escasez de metros cuadrados de cafetería en lugares estratégicos. Ni tampoco hay escasez de vehículos y medios de transporte, sino escasez de sensación de exclusividad y riqueza personal.

En fin, que El Economista Camuflado es un digno intento de llevar la teoría económica a las cosas que nos resultan más cercanas, haciendo honor al subtítulo del libro (La Economía de las Pequeñas Cosas), aunque al final acaba hablando de globalización y de China como todo el mundo --asuntos estos que de cosa pequeña tienen bastante poco--.

En conclusión: el libro es bueno, ameno, fácil de leer, formativo y relativamente barato (19,5 €).

En mi caso el libro me salió gratis ya que me lo regaló la editorial: Temas de Hoy (Grupo Planeta).

2 comentarios:

Cesar Viteri dijo...

Suena interesante, Fabián. He visto el libro varias veces en la librería del IESE, pero no me decidía a comprarlo, leer libros de economía en los ratos libres es un poco excesivo hasta para mi :o)

Lo último que he leído es Corsarios de Levante, el último de Alatriste, y he empezado con Eragon, que me lo regalo un excelente amigo y todavía no lo había empezado.

Además, se supone que yo aprendí toda esa teoría económica por la vía dura, y este trimestre me toca refrescar también en el master... a sufrir tocan.

Fabián dijo...

¡Dios mío! ¡Alatriste!

No sé dónde vamos a llegar :-))

Bueno, si es para descerebrarse un rato entre máster y llantos infantiles, te lo perdono.