domingo, junio 03, 2007

Anal thinking 2: normas básicas de urbanismo

Ya comenté en un artículo anterior las bases del anal thinking: una forma de pensar radicalmente opuesta al razonamiento lógico, pero que existe y nos rodea por todas partes.

Una muestra de ello la tenemos en el proceso de urbanización de nuevos barrios. Es una historia de esas que me recuerda vívidamente el comentario que hacía alguien en el blog de un compañero de IBM: que en este país nunca hay tiempo para hacer las cosas bien, pero luego siempre hay tiempo para hacerlas dos veces.

Pues bien, dicen las normas, usos y costumbres de la construcción en España que primero se construye el barrio con todos sus servicios (alcantarillado, entradas de luz y agua, calles, aceras...), y luego se construyen las casas, viviendas, oficinas y locales. Dicen también las normas que el constructor de las viviendas tiene que dejar la urbanización como estaba y, en el caso de que se haya producido algún desperfecto en la urbanización mientras se construye la casa, es responsable de hacer la reparación oportuna. Es bastante normal, por ejemplo, que al utilizar camiones de considerable tonelaje, los bordillos de las aceras queden hechos unos zorros, así que la constructora los tiene que arreglar.

Todo esto, aunque implica hacer algunas cosas dos veces, puede tener bastante lógica. Pero hay veces en que, llevando las cosas al límite (ie. aplicando al pie de la letra lo que dice la norma), se convierte todo en un absurdo y las cosas hay que hacerlas no ya dos veces, sino tres.

En una reciente promoción de chalets cerca de mi casa hay un ejemplo notable.

Vean esta foto:


Sí. Están viendo bien. Hay un árbol en medio de la rampa de acceso al garaje. Es decir, que en su momento se construyó la acera con sus arbolitos (o sus huecos para arbolitos) cada 8 ó 10 metros, al construir los chalets todo eso quedó destrozado y la constructora lo volvió a dejar exatamente como estaba, con sus huecos para arbolitos cada 8 ó 10 metros caigan donde caigan. Y plantó de nuevo los árboles que el ayuntamiento, diligentemente, viene a regar de forma periódica.

Es obvio y evidente que el arbolito lo van a tener que trasladar a otro lugar y que la acera van a tener que arreglarla por tercera vez. Y yo me pregunto si no habría sido posible que, una vez construidos los chalets, el proceso de reconstrucción de las aceras hubiese tenido mínimamente en cuenta la remota posibilidad de que los vecinos utilicen el garaje que han comprado para guardar el coche.

Hay cuatro o cinco chalets en esta situación. Otro, de la misma promoción, tendrá que subir el coche atravesando el paso de peatones, lo que quizá no sea demasiado grave. Pero el que lo tiene realmente chungo es el siguiente vecino...


... que tendrá que sortear una valla y una señal de tráfico torcida, subiéndose a un bordilo sin rampa para llegar a su garaje. En moto puede conseguirlo.

De nuevo me pregunto si tiene sentido que el proceso de reconstrucción de las aceras tras la construcción de los chalets tenga que seguir literalmente el diseño urbanístico anterior a la construcción.

Como postre les regalo otra bella imagen de anal thinking: la plaza de aparcamiento para minusválidos que viajan en bicicleta. No requiere más comentarios.

2 comentarios:

Cesar Viteri dijo...

Fabián,

sencillamente espectaculares las fotos de los vados. Me he estado partiendo de la risa un buen rato.

Una vez he parado de reirme, me han entrado las ganas de llorar. Es alucinante que nadie, absolutamente nadie de los que han intervenido para llegar a eso (y han sido unos cuantos) han hecho nada para evitarlo.

Nos leemos,

María dijo...

En este país nos encanta trabajar dos y tres veces sobre el mismo tema en lugar de dedicar sólo una fracción más de tiempo por hacerlo bien la primera vez... a ver si vamos aprendiendo... :)