domingo, mayo 10, 2009

Las aventuras del buen soldado Svejk, Jaroslav Hasek,


Es sorprendente la cantidad de energía que hemos gastado los humanos en los últimos siglos matándonos unos a otros por un concepto tan endeble como el de la "patria". Las aventuras del buen soldado Svejk, del escritor checo Jaroslav Hasek, es una de esas obras que pone de manifiesto, desde la primera línea hasta la última, lo absurdos que resultamos los seres humanos cuando nos empecinamos en estériles carnicerías para conseguir resultados que interesan mucho a estadistas y políticos, pero poco o nada a la gente común.

La obra, un relato de las peripecias del soldado Svejk a comienzos de la guerra mundial, es irreverente, satírica, mordaz, aguda en algunos momentos y quizá demasiado simplona en otros. Muchos de los elementos humorísticos son tan rudimentarios que apenas alcanzan a arrancar una sonrisa al lector. Con otros me he reído a carcajada suelta. Pero la clave de la obra no está en el humor, ni en el estilo ni en nada similar, la clave está en la crítica implacable hacia la estupidez humana. Todos los personajes, empezando por el protagonista, son imbéciles de solemnidad. O quizá no. Quizá las payasadas de Svejk no sean las de un imbécil, sino las de un tipo astuto que busca zafarse de la imbecilidad del entorno.

En todo caso, el transfondo de la primera guerra mundial le sirve al autor para poner de manifiesto lo absurdo de una guerra que la gente no entiende, las ineficacias de la burocracia en los macroestados y en los ejércitos, la incongruencias de un estado como el Imperio Austrohúngaro, donde pueblos y gentes que no se entienden (y que incluso se odian) tienen que marchar de forma conjunta al frente para acabar con un enemigo en el que deben suceder situaciones similares.

A lo largo del libro, Svejk no llega a pisar el frente ni a disparar un sólo tiro. Y sin embargo pasa por diversos consejos de guerra, es acusado de espía, está cerca de ser fusilado y cabrea a todos sus superiores hasta un punto indecible.

Una curiosidad. Se trata de una obra inconclusa. El autor murió antes de poder terminarla. Aún así, merece la pena leerla.

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