jueves, diciembre 31, 2009

Lo que deben saber el niño y la niña

A veces los lugares de vacaciones nos deparan sorpresas curiosas. Nos hemos escapado unos días a unos apartamentos rurales en la Sierra de Gredos. Un sitio realmente espectacular, bonito y cómodo por más señas.

Quiere la costumbre que los apartamentos y casas rurales, aparte del menaje indispensable para la supervivencia, contengan una chimenea, una televisión y ocasionalmente algunos juegos de mesa. En este apartamento en concreto nos hemos encontrado con que también hay una estantería con libros, lo cual ya es bastante original. Pero lo mejor llega cuando uno se pone a ojear los títulos. Hay clásicos de la literatura universal como La Odisea o Los Viajes de Gulliver, hay un libro de arqueología, una antología de poemas de Pablo Neruda, el relato Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca y otras obras de renombre entre algunas que otras novelas baratas. También hay un manual sobre el nuevo reglamento hipotecario (no sé de qué año) y un tratado sobre sexualidad firmado por López Ibor.

Y entre tanta literatura resulta que también se encuentran dos libros de la serie Pureza y Verdad titulados Lo que debe saber el niño y Lo que debe saber la niña. Perplejo se queda uno cuando abre uno de estos libros al azar y se encuentra con lo siguiente:
PARTE TERCERA

Consecuencias físicas y morales que sufren los niños por abusar de sus órganos de reproducción.
No quiero entrar en muchos detalles, pero aparte de la “ruina moral” a la que quedan expuestos los tiernos infantes, el libro asegura que el “vicio solitario” conduce a:
  • El niño se torna en impaciente, irritable, taciturno, estúpido y cauteloso.
  • Después del sentido moral, lo primero que se arruina es el sistema nervioso (ninguna parte de nuestro cuerpo es tan rica en fibras nerviosas como el sistema reproductor; en la masturbación se las somete a un trabajo brutal… El placer solitario termina en un espasmo que los deja fatigados, laxos, debilitados como después de un ataque).
  • La inteligencia sufre muy serios quebrantos.
  • Los ojos pierden su brillo.
  • La piel toma un color cetrino.
  • Los músculos se tornan blandos y lacios.
  • El niño hace mal las digestiones.
  • Si la masturbación persiste, no se contenta con minar la salud, la aniquila por completo. Si el cuerpo es fuerte, la primera víctima es la inteligencia y sus resultados naturales, la imbecilidad o la locura.
En fin, que parece ser que para evitar la masturbación a algunos niños es preciso ponerles camisas de fuerza o atarles las manos a la espalda (sic).

En el caso de las niñas las consecuencias son igualmente perversas, como puede imaginarse. Se manifiestan en síntomas crueles como fuertes dolores de espalda y otros males similares.

Yo había oído hablar de estas cosas, pero es en estos libros donde por primera vez las he visto escritas -negro sobre blanco- en sus contextos originales. Uno podría pensar que se trata de ejemplares perdidos de la España profunda, de la obra de alguna editorial cuyas raíces históricas se encuentran allá por donde los Reyes Católicos fundaron la Santa Inquisición o similar.

Pues la última sorpresa es que las obras originales no son españolas en absoluto. Estos ejemplares encontrados al azar en un apartamento rural fueron editados por la para mí desconocida editorial madrileña Bailly-Baillière en 1912. Se trata de la segunda tirada de una colección traducida del inglés y que incluye títulos tan salados como “Lo que debe saber la recién casada”, “Lo que debe saber el joven”, “Lo que debe saber la joven”, “Lo que debe saber la mujer a los 45 años”… La autora de “Lo que debe saber la niña” y algunos otros títulos de la colección se llama Mary Wood-Allen (sí, a mí también se me ocurrió que podría ser un libro de humor). “Lo que debe saber el niño” lo firma Sylvanus Stall. Ambos autores eran estadounidenses, así que la sarta moralizante y anticuada de estas obras no es originaria de nuestra conservadora España, sino de la también conservadora Norteamérica. Curioso.

3 comentarios:

Roger dijo...

El problema radica en que en EEUU ( paradigma de diversos retrasos morales ) se escribía en 1912 y en España seguía vigente hasta .... , de ja que piense ..... ¡ leches ! sigue vigente hoy en día ..... ( Roucos, Caminos, etc ... )

Miguel Ruiz de Valbuena dijo...

¿La inteligencia sufre serios quebrantos? Vaya, ahora me explico lo mío :-D. Buen post, Fabián.

Pablo dijo...

Bueno, lo que prueba esto es que lo contrario a la inteligencia es un patrimonio mundial.