sábado, abril 02, 2011

El largo camino hacia la libertad, la autobiografía de Nelson Mandela

El largo camino hacia la libertad, la autobiografía de Nelson Mandela, es simplemente impresionante. Si yo tuviera que escoger a una personalidad política del Siglo XX,  me quedaría con Mandela sin dudarlo. Ha habido otros líderes brillantes, tanto con atributos positivos (Ghandi) como extraordinariamente negativos (Hitler o Stalin). Ha habido dirigentes que han conducido con grandeza a sus países en las horas más oscuras (Churchill o De Gaulle), pero creo que no hay ninguno que haya sabido ganarse a la gente como lo ha hecho Mandela.

La virtud de este personaje no está sólo en esa "larga lucha hacia la libertad" de la que habla el libro. Su genio estriba en haber sabido ganar para su causa a todo el mundo, dentro y fuera de Suráfrica, y eventualmente haber conseguido ganarse incluso a sus enemigos, evitando una explosión de violencia racial en Suráfrica y quizá incluso una Guerra Civil.

A su interesantísima vida política se le suma una cualidad notable. El libro está francamente bien escrito y estructurado. Cierto que no es una obra exclusivamente suya (una buena parte de ella se escribió en la cárcel y contó con la supervisión y ayuda de sus compañeros de lucha y de prisión), pero da gusto leerlo. Se encuentran en él emotivos pasajes sobre su infancia, duras descripciones de la vida carcelaria y de la política surafricana. Y también se encuentran en el libro muchas de las lecciones aprendidas por el propio Mandela que no duda en compartir con todo el mundo como un legado personal a la humanidad. Entresaco aquí algunos hermosos pasajes del capítulo final (hay otros muchos textos similares en el libro):

Siempre he sabido que en el fondo del corazón de todos los seres humanos hay misericordia y generosidad. Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su procedencia o su religión. El odio se aprende, y si es posible aprender a odiar, es posible aprender a amar...
Aquel que arrebata la libertad a otro es prisionero del odio, está encerrado tras los barrotes de los prejuicios y la estrechez de miras. Nadie es realmente libre si arrebata a otro su libertad, del mismo modo que nadie es libre si su libertad es arrebatada. Tanto el opresor como el oprimido quedan privados de su humanidad.
Me he concedido aquí un momento de reposo para lanzar una mirada hacia el glorioso panorama que me rodea, para volver la vista atrás hacia el trecho que he recorrido. Pero sólo puedo descansar un instante, ya que la libertad trae consigo responsabilidades y no me atrevo a quedarme rezagado. Mi largo camino aún no ha terminado. (Este es el final del libro, cuando Mandela es ya presidente de Suráfrica).
No se lo pierdan.

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