jueves, mayo 16, 2013

Sobre "pongos", "iyaques" y "paraquecos"

Tras una detallada observación de la multitud de objetos inverosímiles que se pueden llegar a acumular en el curso de media vida, me coloco el uniforme analítico y establezco una clasificación de los mismos, en la espera de que dicha clasificación pueda ser de utilidad para generaciones futuras.

Los objetos se clasifican en tres categorías:

1) Pongos: esta es una vieja categoría. Dícese de todos aquellos objetos de regalo -a menudo de dudoso gusto- que según se reciben se hacen merecedores de la exclamación retórica "¿dónde lo pongo?". La mayor parte de los pongos acaban siendo acumulados en cajas en el trastero tras un breve paso por estanterías y mesas en el hogar.

2) Iyaques: dícese de todos aquellos objetos que se han adquirido únicamente para acompañar una adquisición anterior: "Y ya que le hemos comprado una bici al niño, ¿por qué no le compramos también unos patines?" La máxima expresión de los iyaques (perdón por la i latina, pero dos "y" seguidas se leen mal) no está, sin embargo, en el mundo de los objetos, sino de los servicios de reforma del hogar: "Y ya que nos metemos a arreglar la cocina ¿por qué no cambiamos también los baños?". Los iyaques son la máxima expresión del gasto por el gasto. Referido a objetos, efectivamente, también acaban muchos en cajas en el trastero.

3) Paraquecos: dícese de todos aquellos objetos que se compraron por impulso emotivo -que no racional- normalmente en el transcurso de un viaje (y preferentemente en un mercadillo de artesanía local). En su lugar de origen, los paraquecos se mostraban pletóricos de belleza y armonía. Sin embargo, nada más abrir la maleta de vuelta al hogar (y a veces al hacer la maleta antes de volver), los paraquecos provocan una abrupta expresión del tipo: ¿Para qué cojones me habré comprado yo esto? Por si tienen alguna duda, los paraquecos también suelen acumularse en cajas en el trastero.

Esta clasificación no es inmutable y muchos objetos pueden pasar de una categoría a otra en el transcurso de los años. Por ejemplo, anda por casa un viejo sifón color verde botella comprado en un mercadillo de San Telmo, Buenos Aires, que comenzó siendo un iyaque (y ya que estábamos por allí comprando otras cosillas, ¿por qué no un típico sifón argentino?), rápidamente adquirió la categoría de pongo y estuvo expuesto en un estante de la cocina durante algún tiempo. Ahora, cada vez que lo veo, lo clasifico sin duda en la categoría de paraqueco.

¡Ala!, entreténganse clasificando los objetos del hogar.

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